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miércoles, 13 de marzo de 2013

Ladrar cuesta caro


por Andrea Silva Martínez


Es imposible ignorar el gran problema en que se ha convertido la sobrepoblación canina y felina en las grandes urbes. En gran parte, este problema se debe ciudadanos inconscientes que, sin remordimientos ni vergüenza, abandonan a sus mascotas en mercados, parques o vías públicas. Otro serio problema es la falta de una cultura de esterilización de mascotas.

Ante todas estas problemáticas, a principios de año –como muchos recordarán– un grupo legislativo del PAN propuso en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal crear una tenencia de mascotas; esto con el propósito de controlar la población animal y, mediante un chip electrónico, evitar el abandono de mascotas. También en nuestra ciudad se llegó a comentar la posibilidad de plantear una iniciativa semejante.

Esta propuesta ha ocasionado diversas reacciones ya que, si bien es cierto que todos estos problemas exigen que se tomen cartas en el asunto, muchos se cuestionan si un nuevo impuesto es la verdadera solución al problema. Por otro lado también hay personas, principalmente activistas de los derechos de los animales, que apoyan esta iniciativa.

No puede negarse que en un país ideal, donde los recursos que el Estado recibe de sus contribuyentes son usados con transparencia, eficacia y responsabilidad, la tenencia de mascotas sería una herramienta útil para ayudar a acabar con el problema de la sobrepoblación animal. Sin embargo, en este momento la pregunta obligada es ¿México es ese país ideal? Creo que dar una respuesta a esa pregunta, tristemente, sale sobrando.

Existe otra duda que no puedo evitar expresar: ¿Ahora la solución del gobierno a nuestros problemas es aplicar un nuevo impuesto a cada nuevo obstáculo que se presente? Si esas son las medidas que las autoridades quieren tomar: ¡cuidado!, pronto empezarán a cobrar una tenencia de embarazos no planeados, de padecimiento de Síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida, de deserción escolar y, si nos descuidamos, pronto nos estarán cobrando una tenencia de los muertos y desaparecidos en la guerra contra el narcotráfico.

Si la postura del gobierno es esa y quiere proponer nuevos impuestos para arreglar cada problema que se presente, me parece bien. Pero eso sí, que se atengan a las consecuencias, porque en ese caso todos los ciudadanos estamos en nuestro derecho de exigir el pago de la Tenencia de las Autoridades Ineptas. Este nuevo impuesto consistirá en un sustancioso porcentaje del salario que el gobernante, diputado, senador o funcionario público en cuestión reciba por realizar su trabajo y que le será descontado por cada vez que le falle a la ciudadanía. Ahora sí, veamos quién termina debiéndole a quién.

miércoles, 20 de febrero de 2013

PEZ, PEZ

En aquel lugar el clima era bueno, buen sol, buena noche y buena lluvia. En aquel lugar era todo verde; y de muchos colores, había flores, árboles y muchos animales. En aquel lugar había también un lago: transparente y limpio. Al parecer, Pez vivía en aquel lugar con su madre, padre y hermanos. Al parecer les gustaba vivir ahí.

   Pero en varias ocasiones, los hombres (que eran pescadores) llegaban con sus cañas de pescar y, como estaban hambrientos, se llevaban todos los peces que en el río encontraban. Pez y su familia se escabullían para esconderse en su casa o detrás de algún alga marina, o detrás, tal vez, del caparazón de una enorme tortuga. Aparentemente.

   Hasta entonces, todo eso había resultado. Pero una noche, mientras dormían, Pez (quien era el más pequeño), se fue alejando sin darse cuenta porque la corriente del amanecer lo fue arrastrando poco a poco hasta llevarlo del otro lado del lago. Cuando despertó, su familia ya no estaba con él. Nadó y nadó para encontrarlos, pero no logró mucho, su cuerpo aún era muy pequeño para la fuerza con la que la corriente lo arrastraba; se puso muy triste y se dio por vencido. Aparentemente.

   Estaba muy cansado y débil, y en un rinconcito de la orilla del lago, se puso a llorar. En eso, dos niñitas que paseaban cerca del lugar con sus padres, se acercaron al lago para curiosear. De pronto, vieron a Pez, estaba solo y muy triste. Les pareció que era el pez más hermoso de todos y preguntaron a mamá y a papá, si podrían llevarlo a casa; ellos, en seguida aceptaron. Afortunadamente.

   Del lado contrario del lago, los pescadores se alejaban con sus presas; ahí estaba la familia de Pez. Fue entonces cuando los padres de Pam y Sam (ese era el nombre de las niñitas), se pusieron contentos porque en su hogar Pez sería muy feliz y siempre estaría lleno de amor, y nunca, nunca, sería presa de nadie. Afortunadamente…

   Esa tarde, Pez despertó en el patio de la casa de su familia, después de un largo y profundo sueño. Se sintió afortunado de estar con esas personas, y nunca haber estado en peligro en un lago, lejos de sus padres y hermanos. Afortunadamente “Pez”, o mejor conocido como “Spunky”, sólo es el nombre del mejor de los perros.


Jessica Yazmín Alvarado Acosta