viernes, 12 de abril de 2013

Lenguaje Universal


         
   Por Lorena Rojas

Música, melancólico alimento para los que vivimos de amor
-Julio Cortázar

La canción se cuela por la mente entre sueños, y a la mañana siguiente se desborda por la garganta, la boca, la lengua… toma forma de silbidos, palabras, sonidos perfectamente compenetrados que poco a poco toman posesión. El ritmo viaja por los pies danzantes y llega al piso de madera, baja la escalera haciéndola crujir armoniosamente; cada paso se une a la voz e un acto mimético y flotante, aunque el siempre juró no saber bailar… El ambiente se llena de ritmo, se tiñe del blues de ésa voz que hasta los oídos de ella llega. La música la invita a despertar.

Ir sentada en el último asiento del camión urbano y de repente escuchar a un señor tocando en la flauta “bésame mucho”, mejora sin duda mi estado de ánimo; sin pensarlo le doy mis últimos dos pesos, él ya me dejó una sonrisa tatuada en el rostro. He oído que los tatuajes son mucho más caros. La música dice algo  en unos segundos, mucho más de lo que yo podría decir en un discurso bien elaborado… y a ella, todos la entendemos.

Actualmente diversos estudios confirman los beneficios que la música trae al ser humano; estimula el aprendizaje, aumenta el desarrollo del habla, relaja y anima… Pero, ¿cuántos de nosotros nos detenemos a dejarla entrar?, ¿cuántos de verdad dejamos que la música nos invite a despertar?

jueves, 11 de abril de 2013

Meine Anna, sie singt so schön...

Anna Netrebko
Cecilia Sánchez

Ves su foto y te posee un hechizo instantáneo: se asemeja a una figura pop, a una estrella del country, la cara bonita tradicional. Luego aparece como Violetta en La Traviata o interpretando  Meine Lippen, sie küssen so heiss de Lehár, y cada nota perfectamente lograda permanece en tus oídos, renuente a marcharse. Las vibraciones que llegan hasta la cóclea se convierten en polvo cósmico, los impulsos nerviosos en burbujas y jurarías que sientes su recorrido desde el nervio auditivo hasta tu cerebro. Y qué decir de su fresca y liviana presencia en el escenario, uno tan rígido y formal como lo es el de la ópera. Canta en ruso, en español, en alemán, en inglés; baila, brinca, lanza flores, coquetea; es Adina, Natasha, Susana. Es la apoteosis de un artista: es Anna Netrebko.

Anna es una de las sopranos más conocidas y talentosas en la actualidad, no sólo por su timbre flexible y amplia tesitura, sino también por una sutil insolencia ante lo clásico, que le funciona muy bien y que la distingue de otras cantantes que pueden llegar a ser acartonadas. Nacida en Rusia en 1971, su historia musical comienza en San Petersburgo, en donde estudió interpretación vocal en el Conservatorio; posteriormente trabajó en el Teatro Mariinski, donde conoció a Valery Gergiev, un director de orquesta que se convertiría en su mentor. Desde entonces ha participado en múltiples óperas alrededor del mundo en papeles diversos, pues su rango vocal es tanto el suave de un soprano lírico como el más oscuro de un soprano lírico spinto, ello aunado a su innato talento actoral. Todo esto la dota de un espectro de variadas posibilidades de interpretación.

Conocerla y dejarse encantar por esta diva moderna, de icónica belleza e inigualable voz (sin la cual, según Anna, su aspecto físico de poco le hubiera valido), es una decisión de la que uno no podría más que deleitarse; porque eso es Anna, una integral y redonda delicia.

Recomiendo ampliamente los duetos con el tenor Rolando Villazón. Otro manjar.

La muerte, la imperfección y todas las bellezas efímeras.




                                    Gabriel Faz

Había conocido a una mujer cuatro años antes del tiempo en que esto se ha escrito. Ella, de una hermosura de complejas formas quería morir por la propia suerte de su autodestrucción. Yo, al no ser un conocedor de nada que estuviera a tres metros de mis propias pasiones no pude darme cuenta del significado de su tristeza hasta verla en la vereda de la desolación años atrás.

   No había conocido miedo mas profundo al miedo que provoca el ruido en su rugido; la música es la preparación del ser humano para dejar salir lo que habita en sus adentros, dioses y monstruos. El hecho de la existencia de la música es en mi opinión un catalizador de las decisiones del hombre, lo que para mi en la repetición de las líneas “I climb the stage again this night… cause the place seems still alive… when the smoke is going down” resultaba una muestra de alguna clase da armonía, para ella era un significado mas profundo y trágico, para ella ese era el sonido de una parte de su vida, nosotros no escuchábamos la misma música no importara que estuviésemos en el mismo espacio, escuchando la misma pista, durante toda la noche.

    La diferencia es que ella no buscaba una armonía, no buscaba la satisfacción de sus sentidos. Lo que ella encontró fue la realización acústica de sus ayeres, aún si no han sido los mismos de quien los ha escrito; la música es un pasado compartido que al mismo tiempo no existe, por lo menos lo es aquella música que no es del momento, se vuelve atemporal, un solo de guitarra estrepitoso puede ser la delicia del oído pero la tortura del alma.

   Entendí en esa mujer que la música no era complemento ni el trasfondo que intenta llenar de sangre un vacío, sino que es un amplificador de la vida humana, como el suave golpe del tambor tras el baile de los amantes como el rugido que motivaba a los soldados a devorarse entre si mismos. Existe, aún estando en soledad, para extender el contacto con la piel de otros.

   Al final la música es el aire del espíritu, es el deseo platónico de todo aquel que en su vida ha buscado algo invisible, el hombre lleno de defectos puede alcanzar una imperfección al dejar atrás la simetría de lo utópico y darse cuenta que el sonido de un bajo no es el susurro de la noche, ni el violín la melodía de la mañana; al final aquella mujer se dio cuenta que el repetir aquellas líneas no le traería la muerte y el olvido que deseaba, y sonrió... en verdad nada tenía, nada hacía falta.

                                I've got your sound still in my ear...While your traces disappear.

El dolor de la música




En pleno siglo XXI, la música se ha convertido para muchos la identificación comunitaria de expresión cultural, o bien, solo una simple insignia de moda para estar in. Es decir, es patético saber que la gran mayoría de las personas que se identifican con la música son adolescentes, mismos a quienes les preocupa más estar a la moda que darles de comer a su perro. Y es cosa de todos, no lo negaré: conocer a la banda de moda, escuchar la canción más reciente, y hacerte el único que la conoce desde hace años, bien, puede que también me guste y no sólo porque está de moda.

  Pero, distando un poco de lo antes mencionado, la valoración profunda de la música está ya muy lejos de nuestro pensamiento, ¿será acaso porque la obtención de este arte se volvió tan fácil a comparación de otros tiempos? Es cierto, ya no nos educan de la misma manera, ya lo tenemos todo a la mano y esto indudablemente conlleva a la ausencia de valoración por algo bueno. Ahora, podemos cambiar la canción que no queremos con apretar next cuando nuestros padres no podían hacer eso tan fácilmente con la aguja y el acetato, al menos escuchaban toda la canción para esperar la que deseaban. Y es de pensarse seriamente, porque gracias a esto pensamos mejor en música cuando escuchamos la típica canción que pasan en el comercial de la coca y no pensamos mejor en Vivaldi, Beethoven o Bach. Hemos abandonado el verdadero concepto de arte, de música. ¿Será acaso porque tenemos todo inmediato, tanto que lo podemos obtener dándole clic a download y ya no porque voy a comprar un LP grabado rústicamente? En verdad prefiero escuchar el blues de la guitarra distorsionada a la antigua, de Jimi Hendrix a un cover remasterizado de una banda reciente.

La música se valora por lo que cuesta hacerla, por lo que cuesta ingeniarla, no porque a un montón de idiotas les gusta hacer efectos especiales con la máquina y usarlo como playback para ponerle letra.
 
Gabriela Arredondo

De pasiones y amores, de mujeres y vinos.


Ana Laura Guerrero Cano.

¿Qué es una cerveza balanceada sobre el ojo de un leopardo?
Constelaciones de la vida, polvo de rinoceronte.
Cinco de la mañana y Dios fumando tango…
Abraham Reyes.


Que de la apatía y el aburrimiento, de los circos y de la falta de ondas de frecuencia modulada (por que simplemente no existían), nació el desahogo evidente de un pueblo cansado.

Para 1880, ya los burdeles brotaban por las calles de Buenos Aires, eran francesas, alemanas y polacas; las que sostenían la empresa. Y como intermedio (del show) un trío o grupo musical, se encargaban de alegrar el lugar, improvisando o enalteciendo a la dama que acompañaba al hombre atrevido, que bailaba en el centro de pista.

No era más que una flauta, un violín, una guitarra y un bandoneón, los artilugios que ofrecían al visitante una velada excepcional, de pasiones y amores, de mujeres y vinos.
“Dame la mata” se considera, hoy en día, el primer tango; que fue escrito por Juan Pérez.

Melodías que inspiran pasiones, así es como el tango, abrumador como el amor, llega a nuestros oídos. De fusión de varios estilos de música Africanos y Europeos, incluyendo la polka, habanera, milonga, flamenco, mazurka, kondobe, nace el tango.

A mi ver este es el ritmo mas transparente de todos, se sabe que es de dos, se sabe es para dos. Donde las almas se entrelazan, se comunican y hasta se unen. El tango a traspasado infinidad de fronteras, colocándose en la literatura, en el cine, etc, etc.


Y cuando un café y un libro se cruzan con mi cigarro, nada mejor que tango, para decirle a dios, que estoy presente.



Tango que viene de lejos a acariciar mis oídos 
como un recuerdo querido con melancólicos dejos.

Enrique Cadícamo




Pecadora y Milagrosa


  

 
 
                 Pecadora y Milagrosa
por Jessica Alvarado

¿Música? Música es el arte que combina sonidos, ritmos y variaciones, que dan como resultado una disfrutable mezcla que es agradable al oído. Existen diferentes estilos de música, los suficientes como para dar gusto a todos y cada uno de los que gozamos de una buena canción.

   Música es todo. Todo lo que nos rodea y aquello en lo que encontramos gusto, nos identifica o nos hace recordar. Para mí, música es: Lila Downs, una mujer oaxaqueña de origen mixteco-americano que ha viajado por todo el mundo llevando su talento, su música y su particular estilo.

   La temática de su música a menudo gira sobre la política y la justicia social, la inmigración y la transformación, todas las raíces de la condición humana. Defiende en gran medida a las mujeres, sobre todo pone en alto el nombre de la mujer indígena, el folklore y la indiscutible influencia de la cultura mexicana.

   En su página oficial, definen el estilo de Lila de la siguiente manera: “Durante más de una década, Lila Downs ha cruzado el planeta, con su concepto innovador y único de la música tradicional mexicana y composiciones originales fusionándolas con el blues, el jazz, el soul, la raíz africana, e incluso la música klezmer, todos ellos confirmando su maravillosa voz. Algunos podrían clasificar a Lila como artista mexicana, pero no hay forma real de clasificar su música, excepto para decir que es una fusión única y emocionante de sonidos internacionales. Un viaje musical con Lila Downs es siempre fascinante, a la vez nervioso y potente, pero suntuoso y elegante.”

   Lila Downs es, sin duda, una artista completa que ha apostado por distintos géneros musicales, incluso los temas más tradicionales (como la cucaracha, la sandunga, la llorona o paloma negra, entre otros), son completamente distintos en su voz; los hace únicos e inigualables. Su manera de interpretar es como ninguna, goza además de una presencia indestructible en el escenario y definitivamente el resultado de su inigualable éxito, se debe también a su entrega en cada concierto y a que actúa siempre conforme a lo que siente. Apuesta y se arriesga a todo, desde cantar sólo acompañada de su guitarra con un buen tequila al lado, hasta hacer con su potente voz un chirrido de iguana, sonidos de la naturaleza, así como combinar un arpa, un güiro, una batería, y su fabulosa banda “La Misteriosa.”

   Ya son más de 10 discos, más de tres nominaciones a los Grammy Latinos, incontables conciertos y miles de fans que avalamos el monstruo que es dentro y fuera del escenario, y sobre todo reconocemos el valor que tiene de llegar a tantos países y compartir la cultura mexicana a donde vaya. 

   A pesar del éxito obtenido, Lila sigue siendo tan humilde, tan sencilla, tan mexicana, tan ella… Sigue siendo tan pecadora y milagrosa, proyectando ese encanto que nos encanta.

Sixto Rodríguez: el mejor desconocido.



Eduardo Castillo
@EduardoCast09


Poco sé de música, de acordes, de sonidos treces, de liras u otros instrumentos musicales raros. Pero sobre todo, poco sé de artistas, del ámbito musical y del por qué algunos triunfan y otros no. Lo que sí me queda muy claro, es que esta acción “canonizadora” que delimita quién será escuchado en la radio y quién no, puede llegar a ser realmente injusta. Ante esto, existen críticas realizados por los mismos artistas, denunciando cierta “mafia” detrás de los escenarios, que decide quién sí y quién no. Un ejemplo claro es Calle 13 en su canción “Calma pueblo” (que además tiene cierta carga política). 

Pero en fin, la intención del presente texto no es para nada la de denuncia, aunque no estaría mal. Más bien, el reconocimiento a una de las voces más logradas, pero también más ignoradas en la década de los 70… al menos en Estados Unidos. 

Sixto Rodríguez, compositor y cantante, como lo describen páginas en la red, es uno de los personajes más míticos en la actualidad. Ya sea por “Searching for sugarman” (documental ganador del Oscar en su más reciente edición) o por sus conciertos en Sudáfrica, Rodríguez ha alcanzado por fin la popularidad que le fue negada cuando estaba en pleno auge creativo. Y es que, si bien en Estados Unidos no tuvo el éxito que los grandes productores de aquella época esperaban, en algunos países de Sudáfrica se convirtió en todo un ícono de rebeldía, llegando a ser censurado en algunas ocasiones. 

Para un territorio en el que la población ascendía a 4, 000, 000 de habitantes, el haber vendido medio millón de discos representaba todo un éxito. Pero, ¿qué pasó? A pesar de que los sellos discográficos de Sudáfrica estaban en contacto con la disquera que produjera a Sixto, y peor aún, a pesar de que le hacían llegar las regalías, éste nunca fue notificado de la popularidad que gozaba “cruzando el charco”. 

No fue sino hasta que dos seguidores de su música empezaron a rastrearlo que Sixto se enteró, y no fue sino hasta que dio sus primeros conciertos que disfrutó de la nobleza del ser escuchado por grandes públicos… O sea, no fue sino hasta hace un puñado de años que Sixto conoció lo que era el ser conocido por hacer lo que te gusta… música.